La Carita Feliz: De un simple dibujo a un ícono universal

Todos conocemos el famoso emoji de la carita feliz, pero este no surgió espontáneamente ni ha existido desde siempre. Detrás de su creación hubo una mente ingeniosa que delineó sus trazos y eligió el color amarillo para este símbolo.

Escrito por Ameyalli Acuña.

En 1963, el publicista Harvey Ball fue contratado por State Mutual Life Assurance Company, una aseguradora que había adquirido Guarantee Mutual Company de Ohio. Con el propósito de mejorar la moral de los empleados y aliviar la ansiedad provocada por la unión de las empresas, Jack Adam, vicepresidente de la firma, invitó a Ball a desarrollar una “campaña de amistad”. La campaña incluía un pin que los empleados llevarían en sus solapas, botones y tarjetas de escritorio, con la idea de contagiar felicidad.  

Harvey diseñó una sonrisa sencilla, universal y adaptable. Pero fue visionario y para evitar interpretaciones erróneas (como la tristeza si se invertía), añadió ojos, uno ligeramente más grande que el otro, y un fondo amarillo que resaltara la alegría y brillantez de la carita feliz. 

Harvey nunca imaginó que su diseño, que tomó solo 10 minutos y por el cual recibió 45 dólares, se convertiría en un ícono que trascendiera la historia, por lo que, nunca lo registró ni reclamó derechos de autor. 

Inicialmente, se distribuyeron cien pines entre los empleados, quienes lo recibieron con emoción y que lo escalaron a una moda que se expandió rápidamente por todo el país a principios de los años setenta. En 1971, la carita feliz ya era la imagen más vendida en Estados Unidos, con más de cincuenta millones de pines vendidos, además de formar parte de la imagen de otros numerosos productos. 

La creación formó y evolucionó de mano de diferentes mentes creativas quienes adaptaron la carita feliz a diferentes rubros. Por ejemplo, en 1967, David Stern, un publicista de Seattle, utilizó la carita feliz en una campaña del banco University Federal Savings & Loan.  

Y a principios de los setenta, Bernard y Murray Spain, dueños de varias tiendas Hallmark, adaptaron el diseño para incluirlo en tarjetas de felicitación con el mensaje “Have a nice day”. Ellos sí registraron su invención y produjeron pines, botones, tazas, camisetas, medias, carteles y cuadros, poniendo la carita feliz en cualquier producto comercializable.  

Incluso, durante la guerra de Vietnam, la “happy face” buscaba contrarrestar el desánimo bélico. 

Franklin Loufrani, periodista francés, vio en 1971 la utilidad de la carita feliz para marcar noticias positivas en el periódico France Soir, medio para el que trabajaba. 

Así al ver tan buen recibimiento y con una mirada emprendedora, dejó el periodismo para fundar The Smiley Company, consciente del potencial de su símbolo para popularizarse y adaptarse, distribuyó diez millones de stickers entre estudiantes que decoraron las calles con la sonrisa amarilla. Lo que comenzó como un signo de optimismo se transformó en un logo comercial, un fenómeno del merchandising, un emblema cultural y un lenguaje universal. 

Según Esquire, en 2020, The Smiley Company generó 538 millones de dólares en ingresos mediante licencias.  

En los setenta se posicionó como un mensajero de la cultura de la paz y el amor y en los ochenta se consolidó como icónico apareciendo en un cartel del álbum ‘Nevermind’ de Nirvana, inspirando el movimiento grunge de los noventa 

En la última década del siglo XX, se incorporó al entorno digital como un icono y entre los 2000 y el 2010, además de convertirse en el emoji más usado, se involucró en el arte, en la comida, en la moda e incluso en las marcas de vestimenta.   

 La carita feliz no solo es un simple símbolo gráfico, se ha convertido en una representación de positivismo y conectividad humana. Desde su creación modesta hasta convertirse en un ícono global, este icono ha logrado trascender culturas y generaciones.  

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