Privacidad es poder: el reconocimiento facial en entredicho

El 9 de enero del año 2020 fue detenido Robert Julian Borchak Williams en la ciudad de Detroit. En el centro de detención, tras 18 horas de cautiverio, Williams fue interrogado. Allí los policías se dieron cuenta de que él no era el hombre que había robado unos relojes de lujo en una tienda del centro. La falla fue informática: El sistema de reconocimiento facial del Departamento de Policía de Detroit tomó una imagen de la cámara de seguridad y apuntó al hombre equivocado. Meses después Williams, con ayuda de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, presentó una demanda en el cual, además de denunciar el arresto injustificado, se reclama que esta tecnología sea prohibida.

Fue a principios del mes de junio que IBM anunció que pondría fin al desarrollo y la venta de software de reconocimiento facial.

No sobra explicar cómo es que esta tecnología funciona. A grandes rasgos un software de reconocimiento facial trabaja con un puñado de píxeles y los convierte en valores numéricos en función  de la intensidad y dirección de la luz y la sombra. Es a partir de ello que se identifican patrones que corresponden a rasgos faciales como cuencas oculares, narices, mandíbulas, mentones, etc. El proceso mediante el cual se identifica un rostro en concreto, como se menciona en una nota del diario El Mundo, es a través de un conjunto de referencias o puntos (suelen ser aproximadamente 68) cuya distancia entre ellos y configuración son distintos para cada persona, confiriendo patrones únicos como una huella digital. Actualmente este tipo de software sólo puede reconocer un rostro cuando está de frente. Sin embargo, con los datos de una persona en diferentes posiciones el programa puede ajustar las imágenes faciales en diferentes orientaciones. Los filtros de Instagram o Snapchat son una prueba de este tipo de limitaciones en dicha tecnología.

Los sistemas de identificación biométrica están siendo fuertemente cuestionados en los últimos años.

Vale recordar el caso de Facebook, que ha enfrentado diversos problemas legales por el uso del reconocimiento facial en su aplicación. Fue en febrero del año 2019 cuando la compañía tuvo que pagar 650 millones de dólares en el estado de Illinois, donde es ilegal recolectar datos biométricos sin el consentimiento explícito de la gente. Recientemente la compañía liderada por Mark Zuckerberg anunció que la red social dejaría de utilizar el reconocimiento facial y que borraría los registros de mil millones de usuarios. Sin embargo, fuentes dentro de la compañía reconocieron para The New York Times que DeepFace, el algoritmo que se habría entrenado con las imágenes de todas las personas, no va a eliminarse. En una nota para el diario El País, Ella Jakubowska, coordinadora del programa de biometría facial de la European Digital Rights Initiative, asegura que hay muchas razones por las cuales debemos ser escépticos respecto al uso de Facebook de los datos personales de sus usuarios, pues “el modelo de negocio de Facebook se basa en conocer íntimamente a sus usuarios, sin importar que se violen sus derechos de privacidad”.

En un breve debate organizado por el periódico  La Vanguardia  el 11 de diciembre de este año, la filósofa Carissa Véliz, autora del libro “Privacidad es poder”, aseguró que “la revolución digital requiere una nueva declaración universal de derechos”.

Las palabras de Véliz resuenan con fuerza sobre las distintas problemáticas que existen actualmente sobre el uso de las redes sociales, el manejo de los datos que estas proporcionan a las empresas, así como las múltiples formas en que la vida cotidiana se encuentra intervenida por el mundo digital. Los sistemas de recolección de datos biométricos, de entre los cuales destaca el reconocimiento facial, son herramientas poderosas para la seguridad ciudadana y el marketing. El uso ético de estas tecnologías debe ser demandado por la sociedad civil, que debe extender sus derechos y obligaciones al mundo digital.


Raquel Von Díaz, Así funciona el reconocimiento facial y por qué debería preocuparte, El Mundo
Manuel G. Pascual, ¿Por qué Facebook no renuncia al reconocimiento facial?, El País
Francesc Bracero, La revolución digital requiera de una una declaración universal de derechos, La Vanguardia

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